martes, 29 de septiembre de 2015

Bésame

Hola de nuevo.
Hoy estoy aquí para proponeros una especie de juego. Personalmente, el tipo de entradas que prefiero escribir son las reflexiones, las cuales me he propuesto subir una cada uno o dos martes (entre ellas subiré otro contenido, pero no prometo nada sobre la constancia). La cuestión es, tengo una obsesión por el abecedario. Me gusta versionarlo, aprenderlo en lenguas en las que no se ni saludar, recitarlo del derecho y del revés, decir dos de cada tres letras y formar palabras con las letras no pronunciadas. Utilizo letras para denominar todo tipo de cosas, e incluso personas. Así que he pensado darle una pequeña función más al abecedario. Aprovechando el título de la primera reflexión, voy a empezar las ReA, reflexiones alfabéticamente, reflexiones publicadas en el orden coincidente al abecedario, en lo que la primera letra de su título se refiere.
También quiero decir que las reflexiones no siempre serán textos con sentido alguno para vosotros, quizá solo serán mis pensamientos los cuales he sentido la necesidad de liberar en algún lugar.
Y aclarado esto, vamos con la reflexión de hoy.


Hoy te he visto por primera vez. Tu posición no parecía muy cómoda, déjame recriminártelo. Al igual que tu mirada, parecía fuera de lugar, como si estuvieses en el sitio incorrecto. ¿Es posible que haya visto esa sudadera alguna vez más? No lo sé, pero no me importa.

Hoy te he visto por primera vez. He sentido ganas de huir, y no volver jamás. Alejarme de ti y dejar la máxima distancia entre los dos, como un muelle el cual fuerzas y fuerzas, y nunca se vuelve a juntar. He tenido ganas de huir, huir de mí. Ir a tu lado, sentarme en ese banco en una posición todavía más extraña y charlar durante horas.

Hoy te he visto por primera vez. He deseado que el tiempo se detuviera. Poder ir hacia donde tú estabas, entrar en tu cabeza y saber todo lo que pensabas, o has pensado alguna vez. He deseado que el tiempo corriera a la velocidad de un rayo, y no sufrir más por esos escasos segundos.

Hoy te he visto por primera vez. Parecías cansado. ¿Qué te pasa? Me gustaría poder ayudarte. O no, me gustaría saber que te pasa. Simple curiosidad. Luego ya decidiré que hago con ello. Aunque está claro que haré.

Hoy te he visto por primera vez. ¿No crees que deberíamos hablar? Eso es lo que creo yo, lo que realmente pienso. ¿Una yo sin filtros? Nunca va a existir, pero eh, esto es lo que más se acerca. Lo tomas o lo dejas.

Hoy te he visto por primera vez. Me has enamorado. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Te odio, y siempre te odiaré. No quiero vivir un segundo a tu lado. No soportaría que estuviéramos un día juntos.

Hoy te he visto por primera vez. Y solo consigues atraer un par de pensamientos a mi mente. Bésame, u ódiame. Sí, ódiame. Desea mi muerte. Odia mi existencia. No, no me odies. Por favor, bésame. Bésame como si no existiera nada más en este mundo.

Hoy te he visto por primera vez. ¿Tanto cuesta saludar? Por mi parte sí, cuesta demasiado. Las palabras se ahogan en mi garganta, suben y vuelven a bajar. Se esconden tras el poema que no logré recitar en tercero. Pero, ¿qué te cuesta a ti, si nunca has tenido miedo a nada?

Hoy te he visto por primera vez. Deja de ignorarme, no vamos a conseguir nada. Debemos hablar de lo que pasó, de todo lo que ha pasado en este tiempo. Quizá tú no, pero yo necesito cerrar el ciclo para ser capaz de abrir otro. Y no puedo si tu lo reabres cada vez que consigo enjaularlo.

Hoy te he visto por primera vez. Te he visto, como todos estos meses, me sé tu rostro de memoria, podría recitar cada matiz de tu voz, podría numerar cada punto verde en tus ojos castaños.

Hoy te he visto por primera vez. Cada día me pareces alguien diferente, esos diez segundos en los que creo que eres un desconocido con el que podría entablar una interesante conversación que no acabara nunca. Pero luego llegan los recuerdos.

Hoy te he visto por primera vez. Y espero que sea la última. Sabes que realmente no pienso así, no soportaría apartarte de mi vida, pero creo que te debo tener de otra manera. No quiero tenerte como un amor prohibido o algo parecido, de hecho ya no te tengo como eso.

Hoy te he visto por primera vez. Y tras esos diez segundos he logrado descubrir como me siento ahora respecto a ti. No se si te quiero o te odio. Te odio, definitivamente, pero querría quererte. No como lo he hecho estos meses, eso nunca.

Hoy te he visto por primera vez. Y quiero verte por primera vez muchas veces más. Pero de manera diferente, como alguien con el que poder hablar tranquilamente sin que pase nada extraño como en estos últimos meses.

Hoy te he visto por primera vez. Me gustaría encontrar una vista definitiva de ti. No quiero volver a estar como alguna vez lo hemos estado. Aborrezco todas las maneras de las que hemos estado. Quiero una manera nueva. ¿Esto es una indirecta? Quizá. Piensa.

Hoy te he visto por primera vez. Y mañana habrá otra primera vez. Eres un cúmulo de primeras veces, y no sé si alegrarme de ello. Supongo que sí, es lo que siempre he deseado. Mas ahora deseo otras cosas, y quiero que las descubras. Vamos, tú puedes. O quizá me debería animar a mí.


Niia

martes, 15 de septiembre de 2015

Ajustabilidad

Hoy es uno de esos días en los que las secuelas de una depresión me acechan hasta cuando intento dormir. Es un sentimiento que me persigue, sin pausa y a una velocidad escalofriante. No creo que os interese mi vida lo más mínimo, pero este es mi blog, dejadme expresar con libertad. No tengo alas pero tampoco es plan de que me amarréis a un palo.

Hoy en clase de lengua castellana hemos leído un poema de Bécquer que no conocía, y me he puesto a reflexionar sobre él. El sentimiento que se expresaba en el era parecido al que sentía yo. Bueno, parecido no es la palabra, más bien es... ajustable. Exacto, ajustable. Pensaréis ¿cómo un sentimiento, cómo una emoción o un deseo puede ser ajustable? Muy fácil. Solo hay que mirar, observar, leer, pensar ese sentimiento, emoción o deseo con tus ideas en mente. Es fácil, sencillo, a la par que complicado y rebuscado. Un mismo poema, un mismo texto, una misma película, una misma canción, puede ser ajustable a dos sentimientos opuestos a la vez. 
Creo que hoy he hecho algo bastante trascendental, filosóficamente hablando. He superado los límites de pensamientos sobre un mismo poema, en lo que ajustabilidad se refiere. Lo he relacionado con recuerdos de la infancia, felices, tristes, angustiosos, e incluso algún que otro efímero recuerdo el cuál no lograba descubrir con exactitud cuál era mi posición en ese momento. Lo he relacionado con mis emociones del momento, las cuales han sido opuestas al principio del poema y al final. Incluso he llegado a relacionarlo con los sentimientos que creía que sentían las personas de mi alrededor.
Sé que quizá esto os parezca pesado, extraño, o quizá os parezca simplemente lo más útil y maravilloso que existe, igual que me pasó a mí al descubrir la existencia de la ajustabilidad. 
Mi consejo es, ajustad todo lo que podáis a cada sentimiento que crezca en vuestro interior y, si es posible, anotadlo en algún lugar. Minutos, horas, días, semanas, meses o incluso años más tarde recuperad esos apuntes, leed aquél fragmento de cualquier cosa que ajustasteis y volvedlo a hacer con los sentimientos que notéis en ese momento. Repetid este proceso las veces que deseéis, yo os recomiendo unas cuatro veces, y después, archivad, quemad, romped, lanzad aquellas hojas donde están vuestros ajustes. Nada más que añadir. Aquí os dejo un pequeño ajuste de los que he escrito hoy en clase.

¿De dónde vengo? Del más maravilloso lugar. Sin preocupaciones, ni prejuicios, ni pensamientos extraños. Del más pacífico y tranquilo lugar, al que me gustaría regresar.
¿A dónde voy? Hacia la oscuridad. Hacia unos senderos donde nadie me recuerde, ni me juzgue, ni me haga temblar. A un lugar solitario donde a nadie temer, donde a nadie asustar. Simplemente, creo que estoy describiendo la muerte. Eso no es malo ¿no? Que mi lugar más ansiado sea reunirme con la propia muerte, ¿es extraño?
Tal vez. Pero yo lo soy.

Nos leemos por otros lados.

NIIA